
DESCUBRIENDO LA BAJA SILESIA
BIKEPACKING LA BAJA SILESIA
Cinco etapas en gravel por la región de la Baja Silesia, en el sur de Polonia. En total 669 kilómetros y 8.489 metros de desnivel, en un círculo que sale de Wrocław, baja hasta la frontera checa y vuelve.
El terreno cambia cada día. Empieza llano, entre campos de maíz y vías verdes en perfecto estado. Luego llegan los Sudetes: pistas forestales interminables, singletracks construidos por asociaciones locales, cimas por encima de los mil metros y alguna rampa que roza el 23%. Y acaba llano otra vez, con el viento decidiendo cómo va a ser tu día.
Por el camino: la abadía de Henryków, donde se anotó la primera frase escrita en polaco; la fortaleza de Kłodzko y sus siete kilómetros de galerías; el Parque Nacional de las Montañas Tabulares y la Droga Stu Zakrętów, la carretera de las cien curvas; los túneles inacabados del proyecto Riese bajo las Montañas de las Lechuzas, hoy refugio de murciélagos; el castillo que Carlos III quiso rescatar; la mayor abadía cisterciense del mundo, en Lubiąż; y una viña plantada sobre un volcán apagado. Fuimos a finales de agosto y acertamos: todo verde, buenas temperaturas y ni rastro de masificación. La región tiene una infraestructura ciclista de envidiar, se come muy bien y muy barato, y es un sitio tranquilo para rodar.
Etapa 1 - 131 km +980 m - 5h42m
Empezamos el día saliendo de la capital de la Baja Silesia, Wrocław. Sorprendentemente fue muy ameno: tienen una red de carriles bici y vías ciclistas muy avanzada y no se nos hizo nada pesado; en nada estábamos rodeados de campos de maíz. Fuera de la ciudad hay unas vías verdes paralelas a la carretera, en perfecto estado, que facilitan mucho el ir en bicicleta aparte de ser mucho más seguras.
Sabíamos que el día iba a ser muy rodador (las montañas empezaban al día siguiente), así que pusimos velocidad crucero por las carreteras secundarias y las pistas que nos íbamos encontrando por el camino, siempre rodeados de campos de cultivo. Paramos en Strzelin a tomar un café y algún snack en el supermercado, y justo al salir de la ciudad hicimos la primera subida del día, que nos llevaría a un pequeño monte (310 m) donde nos topamos con el Singletrack Strzelin, unos 15 km de trazados repartidos en cinco tramos que se ha montado una asociación local de riders junto con el ayuntamiento. Hicimos un trozo del S4 y del S5 (este último recién estrenado en la primavera de 2025), perfectamente diseñados y limpios, y los disfrutamos muchísimo con las bicis de gravel. Fue uno de los highlights del día.
Seguimos por los bosques verdes y llegamos a la Abadía de Henryków, un monasterio cisterciense de 1227 que aparece de golpe en medio de la nada y que es mucho más grande de lo que esperas: unas 300 estancias. Allí, en 1270, un monje anotó la primera frase escrita en polaco. No es una oración ni una ley: es un marido diciéndole a su mujer que descanse, que ya muele él. De ahí nos dirigimos a Ziębice, donde paramos a comer.
Al salir, nuestra suerte cambió y empezaron a caer algunas gotas. Seguíamos la ruta sin problema, de momento casi no nos mojábamos. Pasaban los km y la lluvia se iba intensificando, hasta que llegamos a Kamieniec Ząbkowicki y decidimos guardar las cámaras en bolsas porque ya nos estábamos quedando empapados. Cambiamos el recorrido para llegar lo antes posible al hotel: hacía frío, estábamos empapados y teníamos hambre. Hicimos un par de subidas de carretera en las que apretamos un poco (todavía no notábamos los km en las piernas, era el día 1) y llegamos al hotel con una agradecida bajada de unos 5 km. Siempre es agradable acabar el día en bajada.
Dormimos en Pałac Ławica, un bonito palacio del siglo XIX con inspiración arquitectónica suiza.
Etapa 2 - 145 km +3.076 m - 8h03m
Solo con los números ya asustaba: la etapa reina del viaje. El perfil era completamente distinto al del día 1, mucha subida y mucha bajada, muy poco llaneo.
Nada más salir del hotel cruzamos Kłodzko y pudimos ver desde abajo los muros de la fortaleza. Empezamos a subir enseguida y volvimos a meternos en un trocito de singletrack, esta vez de la red Singletrack Glacensis, la grande de la zona: más de 200 km de trazados repartidos en 27 bucles a caballo entre Polonia y la República Checa. Muy divertido, iba subiendo y bajando, y acabamos ascendiendo por una pista que nos llevó hasta una carretera donde hicimos unos 5 km de bajada que nos fue genial para descansar las manos y el culo, principalmente.
Antes de comer teníamos que superar una subida de unos 4km con 320 m de desnivel por una pista que de vez en cuando dejaba ver las vistas entre los árboles gigantes. Para comer fuimos a Raj Pstrąga y probamos uno de sus platos estrella, trucha frita. Aquí no es un plato cualquiera: el pstrąg kłodzki, la trucha de la comarca de Kłodzko, está inscrito en la lista de productos tradicionales del ministerio de agricultura polaco, y se cría en el agua fría y limpia que baja de estas montañas. El sitio empezó siendo una piscifactoría en 1980, de las más antiguas de la Baja Silesia, y en 1985 montaron una freiduría junto a los estanques: trucha sacada de una sartén de leña, con pan. Cuarenta años después lo siguen haciendo igual.
Después de cargar baterías nos esperaban 30 km de subida, los primeros 23 suaves pero los 7 últimos cada vez más duros hasta la cima. Íbamos subiendo por pista, rodeados de bosques muy frondosos, incluso se hacía oscuro en algunos tramos. La pista tenía de todo, zonas más lisas donde la bici podía correr y zonas pedregosas donde parecía que alguien te estaba estirando hacia atrás y costaba mucho mover la bici.
Llegamos a la cima (1.064 m) e hicimos unos km de sube y baja por pistas casi perfectas, con trozos abiertos con vistas y trozos también con muchos árboles. Al llegar al final del tramo nos esperaba una impresionante bajada de 20 km, la primera parte por pista, también en muy buen estado y muy rápida, y luego por asfalto, hasta llegar al fondo del valle. Paramos en Międzygórze, en un minisúper, a comprar algo para hacer los últimos km.
Al final de la bajada llegamos a Bystrzyca Kłodzka y "solo" nos quedaba la última subida de 7 km con 400 m de desnivel para llegar al hotel. El sol ya se había puesto y estábamos muy reventados, así que llegamos de noche al PTTK Jagodna, un refugio que lleva abierto desde 1895. Empezó siendo una posada de montaña alemana en el collado, la Passhöhe Baude, y ha ido cambiando de nombre cada vez que cambiaba el país: Brandbaude en los años 30, Schronisko Spalona después de la guerra y Jagodna desde finales de los 60. Está a 811 m, tiene el comedor en una galería acristalada y unas 80 plazas, treinta de ellas en un dormitorio comunal en el desván. Lavar la ropa, ducha, cena y a dormir.
Etapa 3 - 130 km +2.235 m - 6h19m
Salimos del refugio con diecisiete grados y llegamos a Wałbrzych con treinta y dos. Diez horas y media de puerta a puerta, de las cuales solo seis y cuarto encima de la bici. El resto, parados, y no me arrepiento de ninguna. Arrancamos bajando hacia Zieleniec pegados a la frontera con Chequia, separados por el río Dzika Orlica. Aire de montaña, campos de cultivo, casas aisladas. Zieleniec es una de las estaciones de esquí más grandes de Polonia y, a 922 metros, el techo del día. Lo hicimos antes del kilómetro veinte.
Después dejamos la carretera y bajamos por pistas dentro de un bosque tan frondoso que en algunos puntos se hacía de noche. La pista nos dejó en una carretera estrecha, sin marcas blancas en el suelo, con el asfalto difuminándose entre las plantas. Mis carreteras preferidas. Estábamos solos. Fue lo mejor del día.
En Duszniki-Zdrój paramos a comprar comida y de ahí, una subida larga y suave hasta el Parque Nacional de las Montañas Tabulares. Dentro pasas por en medio de bloques de roca gigantes que impresionan muchísimo, vale la pena el rodeo. Pasamos a un paso del laberinto de Błędne Skały y por debajo del Szczeliniec Wielki sin subir a ninguno. Otro día.
La bajada que viene después tiene nombre propio: la Droga Stu Zakrętów, la carretera de las cien curvas, treinta y cinco kilómetros serpenteando entre columnas de roca. Nosotros hicimos diez, de gloria para las manos y el culo. En Radków nos encontramos el pueblo lleno de gente esperando el Polski Rajd Legend, un rally de coches históricos con más de ciento treinta inscritos: Audi Sport Quattro S1, Lancia Delta Integrale, Ford Escort, Subaru Impreza. Pudimos colarnos y seguir.
Comimos en el Zamek Sarny y se nos alargó bastante, pero mereció la pena. En 2010 el entonces príncipe Carlos, hoy Carlos III, leyó un reportaje titulado "Baja Silesia, la tierra de los palacios que se mueren", decidió rescatar uno y eligió este. Vino a verlo. No pudo quedárselo: la privatización obligaba a sacarlo a concurso público. Lo compró una fundación y hoy es hotel. Comimos en sus antiguas caballerizas del siglo XVIII.
Cruzamos Nowa Ruda con el termómetro subiendo y encaramos la última subida, la que nos metía en la Ostoja Nietoperzy Gór Sowich, un espacio protegido de la red Natura 2000 que ocupa toda la cresta y existe para proteger a tres especies de murciélago.
Dos tramos de casi tres kilómetros muy muy duros: el primero con piedras sueltas, el segundo "solo" con la pendiente. Los quinientos metros más duros del día entero están ahí, al 9,6%, y los pasamos con el sensor de la bici marcando treinta y seis grados. Veinte más que al salir. Coronamos la Przełęcz Jugowska y se acabó lo peor.
Luego, cresta con las llanuras a un lado o al otro, y una bajada que empezó siendo pista rápida y acabó siendo trail. Una mtb nos hubiera ido fenomenal.
Subimos hasta las pistas de esquí de Sokolec y nos tomamos un zumo de limón. Al lado mismo está el complejo Gontowa: cuatro bocaminas que los nazis abrieron en la montaña en 1943 y nunca terminaron, hoy cerradas con rejas, y uno de los refugios donde hibernan esos murciélagos. Nos estábamos tomando el zumo justo encima.
La última subida pudo conmigo y tuve que parar a comer chuches. Yo lo recordaba como cinco minutos, pero el reloj dice que fueron menos de dos. Y ahí llevaba el pulso más alto de todo el día, por encima incluso de la subida gorda de la tarde. No me estaba apagando, me estaba vaciando.
Al coronar ya se veía Wałbrzych. Llegamos con una hora de luz por delante. Ducha, media hora estirando, cena y a dormir.
Etapa 4 - 108 km +1.688 m - 5h42m
Sobre el papel era el día tranquilo: mil seiscientos metros de desnivel repartidos por toda la etapa y ninguna sorpresa. En el kilómetro nueve, pasado Lubomin, la etapa se rompió.
Cruzamos el Trójgarb por unos trails que eran más de mtb que de gravel. Algunos trozos tuvimos que andar: piedra suelta y rampas al 23%, que no es una exageración mía, es lo que marca el reloj. Trójgarb significa "tres jorobas" y tiene tres cimas: 778, 757 y 738 metros. Nosotros cruzamos por la pequeña. Es roca volcánica, riolita roja, y eso acabaría siendo el tema del día sin que lo supiéramos.
El entorno era espectacular. La noche anterior había llovido mucho y estaba todo con un verde muy potente, húmedo, lleno de barro y a quince grados. Temperatura perfecta para ir en bicicleta.
Bajamos hasta Marciszów y paramos en un súper a comer y beber algo. Seguimos por carreteras secundarias, atravesando campos y urbanizaciones, todo muy bien puesto, y pasamos por Janowice Wielkie subiendo un par de montes. A kilómetro y medio de allí, sin enterarnos, dejamos Miedzianka: un pueblo de setecientos años del que los soviéticos sacaron uranio hasta 1952 y que después demolieron entero. Hoy quedan la iglesia, unas placas en el suelo y una fábrica de cerveza.
Antes de comer pasamos por pistas en medio de campos hasta Bobrów, y de ahí al Pałac Łomnica, donde entramos y dimos una vuelta con la bici. Edificios espectaculares, conservados en perfecto estado, jardines de encanto y un río cruzando por en medio. La familia von Küster lo compró en 1835 y lo perdió en 1945; para los años setenta era una ruina sin tejado. En 1991 un bisnieto de aquellos dueños se lo encontró en venta, hecho polvo, y se pasó catorce años reconstruyéndolo con su pareja. Vendieron hasta los regalos de boda para pagar las obras.
Comimos en Stara Stajnia, que significa "vieja caballeriza": dos días seguidos comiendo en establos reconvertidos. La parada fue igual demasiado larga.
Seguimos decididos a tomar un café en Jelenia Góra, una ciudad pequeña que nos encantó. Pedaleamos por el centro entre fachadas de colores, balcones llenos de flores y adoquines. Al salir pillamos una vía verde paralela al canal Młynówka, cuatro kilómetros cubiertos de árboles con gente solo en bici y andando. Espectacular.
Entre Pilchowice y Radomice pasamos a un paso de la presa de Pilchowice y ni la miramos: sesenta y nueve metros de alto, levantada en piedra entre 1902 y 1912, la presa de arco de piedra más alta de Polonia, y el lago que embalsa es el mayor de los Sudetes occidentales. También pasamos por debajo del castillo de Wleń sin verlo. Es el precio de ir mirando el manillar.
En Wleń paramos en un supermercado. Alex se encontraba mal, le dolía bastante la espalda, y estuvimos un buen rato intentando recomponerlo. El dolor iba in crescendo y tuve que llevarle la cámara hasta el hotel. En la última subida no podía, íbamos a paso de peatón, pero aguantó hasta el final porque es un guerrero muy duro de pelar. Al llegar se duchó, se tomó un antiinflamatorio y se estiró en la cama; le llevé algo de comer y ya estaba dormido.
Dormimos en Sokołowiec, en Winnica Agat, en una de esas casas tradicionales que llevábamos días viendo desde la carretera. Marcin, el propietario del negocio familiar, nos trató espectacularmente. Plantaron la viña en 2007 y es la única de Polonia que crece en la ladera de un volcán, apagado hace unos trescientos millones de años, en una tierra que da cristales de roca y amatistas. De ahí el nombre, Agat. Empezamos el día cruzando un volcán y lo acabamos bebiendo lo que crece en otro, viendo ponerse el sol con los viñedos a los pies.
Etapa 5 - 141 km +350 m - 4h59m
Alex se levantó casi peor que el día anterior, así que él iría en transfer de hotel a hotel y yo haría la etapa solo. Viendo el perfil, aquello podía ser un día muy chulo o un día muy duro: con casi nada de desnivel, el viento decidiría por mí.
En las primeras pedaladas ya supe que sería un buen día. Viento a favor, fuerte, dirección Legnica. La primera parte discurrió por carreteras entre campos y pueblos pequeños, atravesando Złotoryja. Alrededor de esa ciudad hay unos carriles bici y vías verdes espectaculares: pedaleaba solo y muy lejos del tráfico. La infraestructura ciclista de la región es de envidiar.
Llegué a Legnica y la ciudad todavía no se había levantado. Muchos cafés estaban cerrados. Encontré uno abierto en el centro, con vistas a la catedral. El casco viejo es muy bonito, como el de las otras ciudades de la ruta: calles empedradas, edificios bien conservados en colores pastel e iglesias de ladrillo. Eso último tiene nombre: gótico de ladrillo, la manera de construir del centro y el norte de Europa allí donde no había piedra a mano. La catedral de Legnica tiene el corazón gótico del siglo XIV y la piel de una reforma neogótica de 1892, con ladrillo fabricado en la propia ciudad.
Seguí hacia Lubiąż por carreteritas secundarias, tranquilas, cruzando pueblos muy pequeños con casas muy grandes. Hice trozos con viento en contra, con viento lateral y con viento a favor. Siempre soplaba del mismo lado, y en función del track ya sabías si esa recta iba a ser favorable o no. En las zonas buenas rodabas a cuarenta con poco esfuerzo, y en las malas costaba pasar de veinte. Luego, mirando los datos, vi hasta qué punto: hacia el noreste llevaba una media de treinta y uno por hora, y hacia el sureste, con el mismo llano y las mismas piernas, veintiséis.
Llegué a Lubiąż y me quedé asombrado por el tamaño de la abadía cisterciense. Ya desde la carretera se veía enorme, y es que lo es: doscientos veintitrés metros de fachada, dos hectáreas y media de tejado, unas seiscientas ventanas. Ocupa más que el Castillo Real de Varsovia y el Wawel juntos y está considerada la mayor abadía cisterciense del mundo. La fundaron en 1163. Los nazis metieron dentro una fábrica de armamento con trabajadores forzados y los soviéticos un hospital militar, y luego la dejaron pudrirse cuarenta años. Allí trabajó Michael Willmann, el Rembrandt silesio, el mismo cuyos cuadros habíamos visto en la abadía de Henryków el primer día.
Paré a comer al lado, en el Lubiąż Cistercian Inn, y me tomé los pierogi de carne más buenos que he probado nunca. Muy recomendables.
Después de comer pasé por una pista paralela al río, en perfecto estado, con unas rectas que no acababan nunca, pero con viento a favor la hice tranquilo y disfrutando. Más tarde se notó que entraba en el área metropolitana de Wrocław: se acabaron los campos. Paré en Marszowice a comprar algo para el final. Igual que el día 1, la llegada a la ciudad fue muy placentera, siguiendo carriles bici muy bien hechos.
Una cosa que no supe hasta después: fue el día con el pulso medio más alto de toda la semana, por encima de las dos etapas de montaña. El día fácil, con viento a favor y solo, acabó siendo mi mayor esfuerzo del viaje.
Llegué al hotel y me encontré a Alex frito. Se había tomado algún calmante pero no era suficiente, así que me fui a la farmacia a buscarle algo. Pasamos la tarde descansando y empaquetando para irnos al día siguiente.
Fue una semana con muchas emociones: 669 kilómetros, 8.489 metros de desnivel positivo y casi treinta y dos horas encima de la bici descubriendo la Baja Silesia, una zona de Polonia que nos sorprendió muchísimo y para bien. Rodeados de verde, mucha vegetación, mucha historia, ciudades en perfecto estado y muy limpias, comida espectacular, todo muy seguro y temperaturas geniales para montar en bici. ¿Qué más se puede pedir?
PINARELLO GREVIL F9 - BIKEPACKING MODE
Toda la información para pedalear en Baja Silesia en:
https://dolnyslaskrowerem.pl/en y https://dolnyslask.travel/es
production: ApperStudio
riders: Pol Tarrés & Alexandre Gazquez







































































































